En la actualidad los/as niños/as son más propensos a padecer enfermedades de adultos como la obesidad, la diabetes, el colesterol…

Una alimentación rica en grasas, el sedentarismo o el estilo de vida que llevan nuestros/as hijos/as son los principales motivos.

Muchos pediatras califican a la obesidad como “la epidemia del siglo XXI” y tienen toda la razón ya que es la responsable de la mayoría de las enfermedades cardiovasculares. Los grandes cambios que se han producido en el estilo de vida de los adultos en los últimos años, han hecho que la alimentación de los más pequeños cambie radicalmente.

Las madres se han incorporado a la vida laboral y ahora ninguno de los progenitores tiene tiempo para preparar comidas sanas y nutritivas, por eso el consumo de platos precocinados se ha disparado y el de frutas y verduras está escaseando.

Igualmente el 50% de la población infantil no cumple con las recomendaciones sobre actividad física saludable, especialmente las chicas, llevando una vida muy sedentaria.

Tamibién ha aumentado en gran medida el consumo de sustancias nocivas, como el tabaco o el alcóhol: El 29% de chicos/as de 10 a 24 años fuma diariamente, mientras que el 13% de los jóvenes de 12 y 13 años, el 40% de los de 14 a 17 años y el 81% de 18 a 24 años, consume alcóhol.

Hasta ahora a la diabetes tipo II se la conocía como “del adulto” ya que era una enfermedad que aparecía en las personas maduras, nunca en inños/as. Pues bien, en la actualidad, cada día es más frecuente la aparición de este problema a edades tempranas como los doce años.

Estudios del Ministerio de Sanidad indican que el 10% de la población infantil/juvenil tiene niveles de azúcar en sangre muy elevados.

En los últimos años ha aumentado, también, el número de niños/as con el colesterol elevado. En parte esta subida se debe al sobrepeso pero también hay muchos/as niños/as delgados/as con el mismo problema. Y es que los cambios en las comidas del hogar de los últimos años han tenido una gran repercusión en la salud de nuestros hijos/as.

Es por eso que debemos concienciarnos y cambiar los desayunos y meriendas con bollería por bocadillos, tostadas, frutas, leche y cereales, que por algo se debe comenzar.

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