Desde el momento en los niños comienzan hablar, lo habitual es que pregunten por cada cosa que ven, el porqué de los problemas, el porqué de se hace tal cosa o porque se dice eso otro.

Es totalmente normal que los niños investiguen por su propia cuenta, que quieran expandir su conocimiento haciendo preguntas a sus padres o tutores y quieran sacar sus propias conclusiones.

Para motivar esa curiosidad por el saber y el interés por ampliar su conocimiento, existen una serie de pautas a seguir:

Si la curiosidad del niño es baja, es decir no manifiesta interés o inclinación por el mundo y por descubrir ciertas cosas, los padres y familiares, aquellos que pasen más tiempo con el niño deberían demostrarle su interés y curiosidad haciéndole ver lo divertido que puede llegar a ser descubrir cosas nuevas, así el niño descubrirá que el mundo es mucho más interesante de lo que pensaba.

Si la curiosidad es normal pero muestra dificultades para mantener la atención a temas más complejos, la estrategia más indicada es proporcionarle y conversar con él sobre temas nuevos, libros, revistas y experiencia para estimular su interés.

Si su curiosidad es alta, si ves a tu hijo con una alta capacidad de comprender, entender y con un interés extraordinario por aprender y descubrir lo que el mundo le rodea, lo más usual sería inducir a que siga descubriendo, que siga investigando y que esa información que se proporciona a sí mismo nunca tendrá fin y que cada vez que algo le motive y quiera aprender, no tenga inconveniente en dar ese paso, ese gran paso que es el conocimiento.

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