Hoy traemos una noticia cuanto menos curiosa, la cual llega de la mano de investigadores de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, quienes cotejaron datos de más de 7.000 jóvenes ingleses que nacieron en diferentes épocas del año.

Según los resultados del estudio, al parecer los bebés nacidos entre el final del verano y el comienzo del otoño son, a menudo, más altos y fuertes en comparación con los bebés que llegaron al mundo en los meses de primavera o invierno.

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Según los investigadores, la diferencia en la constitución física entre unos y otros bebés se debería a la exposición del sol durante el embarazo de las madres, la cual tiende a ser mayor en estas épocas del año, lo que facilitaría la absorción de vitamina D, esencial junto con el calcio para el buen crecimiento de los huesos.

Con 10 años, los niños nacidos durante los meses de verano y de otoño tienden a ser “medio centímetro más altos que otros bebés nacidos en otras estaciones”, además de poseer huesos mucho más fuertes.

En palabras de Jon Tobias, uno de los investigadores que se han encargado del estudio y de la recogida de los distintos datos, “unos huesos anchos son un seguro frente a las enfermedades de la época adulta, como la osteoporosis”.

Para aquellas embarazadas que lleguen a los últimos meses de gestación en aquellas épocas donde el sol no está tan presente como durante el verano y principios del otoño, los especialista aconsejan consultan con el médico sobre la posibilidad de consumir suplementos con vitamina D, sobre todo si el nacimiento del bebé está previsto entre los meses de noviembre y mayo.

Vía | Nota

Imagen | Bethany King