En épocas pasadas el “permiso” o el momento de pasaje de niño a adulto, se marcaba muy claramente en el ámbito social, cultural y familiar. Sin embargo, los ritos de pasaje de una etapa a otra del ciclo vital humano, han ido desapareciendo y hoy los padres se encuentran con la adolescencia de sus hijos, de golpe y mucho antes de lo esperado.

 

Sin duda, el pasaje más decisivo y más crítico en la vida del ser humano es la transición de la infancia a la adultez, marcado biológicamente por la maduración sexual; pero también legal, institucional y psicosocialmente por la posibilidad de abandonar el sistema familiar de origen para fundar el propio y de independizarse económicamente.

Antiguamente, cuando la expectativa de vida era mucho menor que la actual, la edad de procrear, de contraer matrimonio y de formar un nuevo sistema familiar, era también mucho más baja.

En muchas culturas, las niñas se entregaban en matrimonio incluso antes de los diez años, la ley aún mantiene resabios de estas prácticas, en cada país se estipula una edad “razonable” en la que el varón y la niña pueden contraer matrimonio.

Algo impensable en el siglo XXI, donde el matrimonio y la maternidad se aplazan cada vez más lejos de la década teen, sobre todo en los países desarrollados.

Entonces, ¿qué es lo que hace que esa transición comience cada vez más temprano y se concrete cada vez más tarde? Las causas son muchas, en los próximos artículos mencionaremos algunas.

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