Para que la concepción se produzca, no hay duda que se necesitan dos principales protagonistas: un óvulo por un lado (puedes descubrir algunos de los principales síntomas de la ovulación), y un espermatozoide sano.

ovulo-fertilizado-implantacion

Precisamente cuando el óvulo es fertilizado por parte del espermatozoide, y apenas cinco o seis días después de producirse la ovulación, la producción de progesterona alcanza sus niveles más altos.

Estos niveles favorecen y estimulan un correcto desarrollo de los vasos sanguíneos que alimentan el endometrio, coincidiendo a su vez con la llegada del blastocisto al útero.

En estos momentos el blastocisto mide apenas 0,2 milímetros de diámetro, flotando libremente en el interior del útero durante algunos días mientras sigue creciendo y desarrollando.

¿Qué ocurre 9 días después?

Después de 9 días tras haberse producido la fertilización, el blastocisto termina por adherirse a la pared del útero mediante unas proyecciones de las células del trofoblasto, fijándose en el endometrio.

Precisamente estas son las células que más tarde evolucionarán hasta formar la placenta, pero que de momento son sólo unas vellosidades coriónicas.

¿Y si el blastocisto no se implanta?

Es posible que el blastocisto finalmente no se implante, por lo que será expulsado al exterior durante el siguiente periodo menstrual.

En estos casos la mujer no será nunca consciente de haber concebido en el periodo anterior.