Para que la criatura se mantenga salva y sana, todos los de la familia deben cuidar de que no se le acerque nada que pueda perjudicarla en modo alguno.

Hay que enseñar a los otros niños de la casa a que mantengan las tijeras y los cuchillos fuera del alcance del niño de pecho, y a los más pequeños hay que enseñarles a que no toquen los fósforos, por su propia seguridad y la de la criatura. Un cercadito librará a la criatura de muchos peligros.

No se emplee nunca en las criaturas un polvo que contenga estearato de zinc, pues si se inhala produce una pulmonía grave y a menudo mortal.

Jamás se proporcione al lactante una lata de polvo como juguete, aunque esté aparentemente vacía, pues si se pone la tapa en la boca puede inhalar el polvo.

A fin de que no se arañe la criatura, la madre debe cuidar de que sus uñas y las de la criatura estén recortadas y lisas, y además, no llevar en su propia ropa, o dejar en ninguna parte cercana, alfileres o agujas que puedan herir al niño.

Para impedir las quemaduras, que son demasiado frecuentes entre las criaturas, tómese toda clase de precauciones, primero para evitar los incendios accidentales en las casas, y segundo para mantener a la criatura alejada de objetos tan peligrosos como calentadores, calderas de agua hirviente, café y sopa calientes, y llamas de todo género.

Las criaturas mayores se queman frecuentemente por tirar del mantel y volcar la taza de café o el plato de sopa.

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