A veces la Naturaleza tiende a sorprendernos; y en ocasiones la sorpresa puede ser más que sorprendente, alucinante. Probablemente esto fue lo que pensó el médico griego Aris Tsigris cuando estaba asistiendo el parto por cesárea de una mamá en la localidad de Amarousion (Atenas).

Si bien es cierto que, durante el parto, lo más habitual y común es que el saco amniótico donde ha permanecido el bebé durante la gestión se rompa sola y no continúe intacto, en el caso de este parto por cesárea el bebé salió del vientre de su madre, pero aún sigue dentro del saco amniótico, de forma que el recién nacido continuaba con la sensación de estar todavía dentro del útero de la madre, al seguir rodeado de líquidos y en posición fetal.

Bebé dentro del saco amniótico

Por increíble que pueda parecer la fotografía, y aunque el doctor declaró a los medios de comunicación su sorpresa e impacto al comprobar in situ que la madre no había todavía roto aguas, esta situación no supuso ningún peligro ni riesgo tanto para la vida del bebé como para la propia madre.

¿Qué es el saco amniótico?

El saco amniótico es una membrana que desde los 8 o 9 días después de la fecundación recubre al feto. Su función es importante, ya que lo protege de cualquier agente externo, mantiene la temperatura adecuada y favorece un correcto desarrollo de sus pulmones.

Lo más habitual es que durante el parto el saco amniótico se rompa y no continúe intacto.