Los hermanos desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de la personalidad de un niño. No es lo mismo ser hijo único, pertenecer a una familia numerosa, tener un hermano mayor o recibir uno más pequeño de forma inesperada.

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Probablemente dos hermanos que no se llevan mucha diferencia de edad compartirán sus juegos y sus confabulaciones frente a la autoridad paterna, pero también peleas y enfados.

Ambos extremos son indisociables. El hermano mayor tiende a alardear de sus conocimientos y es el primero en plantear las hostilidades. Pero en el momento en que el pequeño adquiere fuerzas y autonomía y se rebela, actúa casi de forma más agresiva que el mayor y sabe cómo atacar su flanco más débil y provocarle, junto a esta actitud, es normal que durante años el pequeño coloque a su hermano en un pedestal, imite sus gestos, sus giros coloquiales, sus temas de conversación…

Los hermanos entre los que hay poca diferencia de edad discuten y se pelean a menudo, pero también se hacen cómplices ante la autoridad paterna. A pesar de estas variaciones, los especialistas defienden que las relaciones entre hermanos contribuyen en general a desarrollar la empatía o comprensión del estado emocional de los demás, es decir, ayudan a que el niño sepa ponerse en la piel del otro y adquiera una conducta más social.

Esto se debe a que los hermanos:

  • Experimentan las mismas emcoiones ya que comparten padres y situaciones familiares.
  • Se enseñan a compartir y a ser más receptivos a las necesidades del otro ante las presiones de los padres, que les obligan a dirimir sus difrenecias y a ceder.
  • Aprenden por observación del otro.
  • Se acostumbran a una dependencia mutua y a una continua interacción.

Más información: Celos entre hermanos