Hablamos de aborto cuando el embarazo es interrumpido, ya sea por causas naturales (como por ejemplo el aborto espontáneo), o de manera voluntaria (por ejemplo, porque la mujer así lo desea o cuando el médico prescribe el aborto terapéutico con el objetivo de salvar la vida de la mujer). También pueden existir diferentes tipos de aborto, como por ejemplo el aborto retenido, que se produce cuando el feto que se encuentra dentro de la placenta muere y el cuerpo no es capaz de reconocer la pérdida del feto y no lo expulsa.

En relación a las causas que pueden ocasionar el aborto, sobretodo cuando es espontáneo, es cierto que en muchas ocasiones es difícil saberlas con precisión. En la mayoría de los casos se debe a alteraciones cromosómicas en el feto.

Estrés y aborto

Como vemos, no podemos considerar en realidad al estrés como una causa de aborto, a pesar de ser un mito muy extendido que no es del todo cierto. Por ejemplo, todas las mujeres tienden a preocuparse y estresarse por algo durante la gestación; a algunas les ocurre algún trauma o impacto emocional y el embarazo habitualmente prosigue con normalidad.

Sólo en caso de que exista un estrés duradero, tanto físico como emocional, puede llegar a reducir la irrigación de la placenta y con ello el aporte de oxígeno al bebé, pero un aborto o un parto prematuro sólo se desencadena en un caso realmente extremo.

Sí es cierto que la futura mamá, en caso de sentirse estresada en casa o en el trabajo, puede llevar a cabo algunas estrategias útiles para controlar la ansiedad: caminar cada día es ideal para sentirse activa y reducir la ansiedad, mientras que la práctica de relajación o meditación siempre es recomendable para relajarte adecuadamente (incluso aunque no estés embarazada).

No obstante, si aún continúas intranquila, en caso de riesgo especial puedes consultar con tu ginecólogo, el cual podrá realizar la medición de la longitud del cérvix y podrás preguntarle todas las dudas que tengas.

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