Desayuno infantilPara muchos padres cuidar la alimentación de sus hijos es una preocupación prácticamente fundamental. Y es que mantener desde pequeños una dieta equilibrada y sana brinda al niño la posibilidad de disfrutar de una vida saludable y sin riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con una mala alimentación y poco equilibrada, al tener mayor predisposición a padecer sobrepeso y obesidad.

No hay duda que, a la hora de que nuestros hijos puedan o no cuidar su alimentación de jóvenes y de adultos, la educación que éstos han recibido desde pequeños es simplemente imprescindible.

De ahí la importancia de no incluirles en su alimentación, aunque solo sea de vez en cuando, alimentos poco saludables tales como bollería industrial, galletas o refrescos azucarados, entre otros.

¿Por qué es importante que el niño desayune?

El desayuno es la forma más sencilla de que el pequeño aporte a su pequeño organismo los nutrientes y la energía que requiere según se despierte, y necesita para el resto del día.

Luego de 10 horas de ayuno mientras las que nuestros hijos duermen, el organismo necesita los nutrientes que luego se transformarán en la energía que precisan para realizar sus actividades diarias.

Por este motivo, cuando nuestro hijo no desayuna porque se niega a hacerlo o no tiene ganas, tendemos a sentirlo fatigado, cansado y con falta de energía.

Cómo debe ser un desayuno nutritivo

Para que un desayuno, además de sano y saludable, sea también nutritivo, es fundamental que en esta primera –e importantísima- comida del día se incluyan alimentos de forma variada, dado que los nutrientes se encuentran distribuidos de manera desigual en todos los alimentos.

En este sentido, los grupos de alimentos que no deberían faltar son los siguientes:

  • Lácteos: como la leche, yogur, quesos, mantequilla, margarina o cuajada. También, como alternativa si tu hijo/a sufre de intolerancia a la lactosa, la leche de soja o los batidos de soja. Aportan proteínas, vitaminas A, D y B2, y minerales como el calcio o el fósforo.
  • Frutas: aportan fibra, vitaminas y minerales. Pueden ser enteras o en forma de compotas y zumos naturales.
  • Farináceos: destaca el pan en todas sus versiones o los típicos cereales de desayuno. Aportan hidratos de carbono que luego el organismo transforma en glucosa.

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