Cuando el bebé empieza a tomar las primeras papillas de frutas, a partir de los cuatro meses, se inicia una fase importante en su alimentación, en la que se realizan grandes cambios que prefiguran en gran medida su estilo de alimentación futuro.

El paso a la alimentación  sólida, la introducción de nuevos alimentos, el aprendizaje de hábitos ante la mesa, son aspectos fundamentales de la crianza y la educación del niño.

Coincidiendo con el destete, a partir de los cuatro meses, el pediatra podrá reomendar introducir cereales sin glúten, como primer alimento semisólido en el bebé alimentado con biberón o bien comenzar por la papilla de frutas.

Se ha de seguir siempre la pauta indicada por el especialista y nunca introducir nuevos alimentos sin consultarlo, basándose sólo en recomendaciones de conocidos o vecinos.

La regla básica en la diversificación de su alimentación es la paciencia. Los alimentos deben ser introducidos poco a poco, dejando pasar un tiempo prudencial entre los nuevos sabores, y en su momento, ya que si un alimento se ofrece antes de lo recomendado, aunque sea bien tolerado, puede repercutir en posibles alergias futuras.

Se debe comenzar con frutas que no provoquen alergias como la manzana y la pera, a las que se les puede añadir un poquito de agua para que la papilla quede más líquida.

Unos días más tarde, se le puede añadir plátano. Con las fresas y los melocotones habrá que esperar más tiempo, ya que pueden provocar alergias.

Al principio es mejor no mezclar naranjas y mandarinas con el resto de las frutas y dárselas solas en zumos.

Algunos niños rechazan la fruta, así que se puede añadir a la papilla un poquito de cereales sin glúten y tener mucha paciencia.

Más información | Las primeras papillas del bebé