En tan sólo cinco años, aprenden a caminar, hablar,a vestirse, devestirse, a comer solos y a ir al lavabo sin ayuda, e incluso a leer. Y es cuando debemos enseñarles a ser autónomos o a crearles una dependencia.

 

Los avances que pueden hacer nuestros/as hijos/as pueden ser mayores si les permitimos creer en sus grandes capacidades, si les acompañamos sin intervenir demasiado y les transmitimos la idea de que no nos necesitan para ser ellos/as mismos/as.

Para conseguir hijos independientes y equilibrados, conviene transmitir unos límites firmes, y después hay que enseñarles a aceptar sus fallos y que aprendan de ellos, asumir la responsabilidad de sus acciones y saber solucionarlos a tiempo.

Con el paso del tiempo, estas premisas les van a permitir conocerse, controlarse y relacionarse libremente con su entorno, sin filtros ni barreras. Con tan sólo su educación, sus valores y su buen juicio.

Muchos/as de nuestros/as hijos/as han crecido siendo egoistas y personas insatisfechas. Los hemos protegido tanto que un pequeño problema, supone para ellos/as una barrera enorme. Llegado el caso, debemos pararnos a pensar si les estamos protegiendo en su justa medida o en exceso.

No debemos evitar que vayan aprendiendo el día a día, de las pequeñas dificultades y frustraciones, se trata de permitir que se fortalezca su carácter y se sientan seguros/as ante los pequeños problemas que surgen en su vida, sin tener la necesidad de acudir a mamá o a papá.

Debemos animarles a que decidan o elijan por sí mismos/as, valorar sus esfuerzos y no sólo el resultado. Si nosotros creemos que nuestros/as hijos/as “pueden”, ellos “podrán”.

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